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martes, 10 de diciembre de 2019

Empezamos a envejecer a los 34 años así lo revela un nuevo estudio denominado reloj proteómico

Sabemos que el envejecimiento es un proceso y que no es algo que sucede de un momento a otro, sino que comienza en un determinado momento y progresa en forma gradual a medida que pasa el tiempo. Pero esa progresión puede variar de persona a persona, ya que cada una tiene vidas diferentes y factores de influencia distintos.

Hasta cierto punto se pueden controlar algunas de las variables que impactan en el envejecimiento del organismo  como la alimentación, el ejercicio, evitar hábitos poco saludables entre otros. Hay otras que, por el contrario, están en los genes o en la historia familiar, sobre las cuales el individuo no tiene ningún tipo de control.

Sobre el tema, una investigación publicada recientemente, revela que los primeros signos de que se está envejeciendo pueden detectarse a los 34 años. El estudio fue realizado por científicos de la Universidad de Stanford, en California, y se basó en una muestra de más de 4,300 voluntarios de entre 18 y 95 años.

Los investigadores analizaron el plasma sanguíneo de dichas personas. Así, pudieron saber que los niveles de algunas proteínas presentes en el fluido experimentan cambios relacionados con la edad, que son claramente perceptibles en tres momentos de la vida: los 34, los 60 y los 78 años.

Cuando se piensa en una persona de 60 o de 78 años, el envejecimiento no parece una realidad sorprendente; de algún modo, es lo que se espera a esas edades. Tal como explican los científicos en su trabajo, en torno a los 60 comienzan a manifestarse algunas enfermedades relacionadas con la edad, y se nota el deterioro físico y, en algunos casos, cognitivo. Al mismo tiempo, disminuye la masa ósea y los tejidos comienzan a atrofiarse. Por otro lado, a los 78, ese deterioro se acentúa e incluso pueden aparecer otras patologías que afecten la salud mental y física de la persona.

Lo que los especialistas indican en su investigación es que los 34 años son el momento justo para empezar a prevenir las consecuencias que van a azotar al cuerpo a partir de los 60 y a los 78, con mayor intensidad.

El autor principal del estudio, Benoit Olivier Lehallier, y sus colegas han desarrollado lo que han bautizado como un "reloj proteómico", pensado para calcular la edad biológica de una persona basándose en los niveles de 373 proteínas. Según sus resultados, las mediciones que hicieron de esta manera guardan una fuerte correlación con la edad biológica de las personas, que es la que se calcula en función del envejecimiento del organismo y que no siempre coincide con la cronológica, que es la que marca el ADN.

Los voluntarios a los que los investigadores atribuyeron una menor edad biológica puntuaron mejor en pruebas para evaluar las capacidades físicas y mentales, lo que sugiere que este reloj proteómico podría servir para predecir la salud en la edad avanzada. Los investigadores concluyen que la identificación de proteínas que promueven o antagonizan el envejecimiento en diferentes etapas de la vida podría conducir a terapias más específicas y a otras de tipo preventivo.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Encuentran ¡Azúcar! en meteoritos que impactaron a la Tierra

Un equipo internacional de investigadores y científicos encontraron azúcares esenciales para la vida en meteoritos. El nuevo descubrimiento se suma a la creciente lista de compuestos biológicamente importantes que se han hallado en meteoritos, lo que respalda la hipótesis que las reacciones químicas en los asteroides, los cuerpos principales de muchos meteoritos, pueden producir algunos de los ingredientes de la vida.

El bombardeo de meteoritos en la antigua Tierra puede haber ayudado al origen de la vida con un suministro de componentes básicos de la vida. El equipo descubrió ribosa y otros azúcares bioesenciales, incluyendo arabinosa y xilosa en dos meteoritos diferentes que son ricos en carbono, NWA 801 (tipo CR2) y Murchison (tipo CM2).

En gran parte de la vida moderna, el ARN sirve como una molécula mensajera, copiando las instrucciones genéticas de la molécula de ADN (ácido desoxirribonucleico) y entregándolas a las fábricas moleculares dentro de la célula llamadas ribosomas que leen el ARN para construir proteínas específicas necesarias para llevar a cabo procesos vitales.

“Otros componentes básicos importantes de la vida se han encontrado anteriormente en meteoritos, incluidos aminoácidos (componentes de proteínas) y nucleobases (componentes de ADN y ARN), pero los azúcares han sido una pieza faltante entre los principales componentes básicos de la vida”, declaró Yoshihiro Furukawa, de la Universidad de Tohoku, Japón, autor principal del estudio.

“La investigación proporciona la primera evidencia directa de ribosa en el espacio y la entrega del azúcar a la Tierra. El azúcar extraterrestre podría haber contribuido a la formación de ARN en la Tierra prebiótica que posiblemente condujo al origen de la vida”.

“Es notable que se pueda detectar una molécula tan frágil como la ribosa en un material tan antiguo”, dijo Jason Dworkin. Él es el coautor del estudio en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland.

“Estos resultados ayudarán a guiar nuestros análisis de muestras prístinas de los asteroides primitivos Ryugu y Bennu, que serán devueltos por Hayabusa2 de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón y la nave espacial OSIRIS-REx de la NASA”.

El equipo descubrió los azúcares analizando muestras en polvo de los meteoritos utilizando la espectrometría de masas por cromatografía de gases, que clasifica e identifica las moléculas por su masa y carga eléctrica. Descubrieron que la abundancia de ribosa y otros azúcares oscilaba entre 2.3 y 11 partes por mil millones en NWA 801 y entre 6.7 y 180 partes por mil millones en Murchison.

Como la Tierra está inundada de vida, el equipo tuvo que considerar la posibilidad que los azúcares en los meteoritos simplemente provengan de la contaminación por vida terrestre. Sin embargo, múltiples líneas de evidencia indican que la contaminación es poco probable, incluido el análisis de isótopos. Con información de la National Geographic