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viernes, 10 de enero de 2020

Nueva investigación revela que el insomnio podría causar Alzheimer

De acuerdo con un estudio realizado por investigadores del Barcelona Beta Brain Research Center, las personas con insomnio tienen cambios en el rendimiento cognitivo y la estructura cerebral, especialmente en la sustancia blanca y algunas regiones que afectan en etapas tempranas del Alzheimer.

El estudio, publicado en la revista médica Alzheimer’s Research and Therapy, constó en analizar el rendimiento cognitivo de las personas con insomnio y lo compararon con el de personas con un sueño normal.

“Los resultados muestran que el insomnio se relaciona con un peor resultado en pruebas cognitivas. Especialmente se ha descrito una reducción en algunas funciones ejecutivas, como por ejemplo la memoria de trabajo”, señalaron los investigadores mediante una publicación del centro de investigación en prevención de Alzheimer.


Mediante imágenes de resonancia magnética, detallaron, se encontró que los participantes con insomnio presentaban un menor volumen en algunas regiones cerebrales como el precúneo o el córtex cingulado posterior, las cuales se relacionan en la etapa temprana del Alzheimer.

Así como cambios en la sustancia blanca cerebral a través de técnicas de resonancia magnética por difusión, explicó el primer autor del estudio, Oriol Grau. “Estos hallazgos sugieren la presencia de procesos de inflamación cerebral que podrían tener un papel clave en la asociación entre la calidad del sueño y el Alzheimer”, destacó.

Estudios previos en el campo de las demencias han encontrado una asociación entre la baja calidad del sueño y el riesgo de demencia. Actualmente, uno de los focos en la investigación del Alzheimer es el estudio de la calidad del sueño, ya sea como factor de riesgo o como una manifestación temprana de la enfermedad.

miércoles, 12 de junio de 2019

¿Dejas prendida la luz o la TV antes de dormir? Cuidado podrías subir de peso

Investigadores han revelado que quedarse dormido con la luz o la televisión encendida podría conducir a la obesidad porque confunde al reloj biológico. Un reciente estudio encontró que quienes están expuestos a luz artificial de cualquier tipo en las noches, tienen un 17 por ciento más de probabilidades de ganar peso, informó el Daily Mail.

Los científicos informaron que esto se debe a que se interrumpe el sueño, lo que tiene un efecto sobre el equilibrio hormonal y hace que las personas busquen alimentos. Los expertos dijeron que los hallazgos tenían perfecto sentido y se suman a la creciente evidencia contra la iluminación artificial en el período previo a dormir.

El estudio, realizado por el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Carolina del Norte, incluyó a casi 44 mil mujeres inscritas en el grupo de estudio. Al inicio del estudio, las mujeres no tenían antecedentes de cáncer ni de enfermedades cardiovasculares y no trabajaban por turnos, no tenían sueño durante el día ni estaban embarazadas.

Las mujeres de edades entre los 35 y los 74 años, informaron a sí mismas la cantidad de luz artificial a la que estaban expuestas durante la noche. Los hallazgos, publicados en Jama International Medicine, encontraron que la luz, especialmente dormir con una luz encendida o un televisor en la habitación, aumentaba el riesgo de aumento de peso y obesidad.

En comparación con las que no estuvieron expuestas a la luz artificial, las mujeres que dormían con la luz o la televisión encendidas tenían un 22 por ciento más de probabilidades de contraer sobrepeso y un 33 por ciento más de obesidad. Los autores dijeron que esto podría deberse a que la falta de sueño cambia las hormonas que regulan el apetito. Además de esto, un sueño más corto simplemente significa más tiempo despierto, y por lo tanto más tiempo para comer alimentos.

Los investigadores, dirigidos por el doctor Yong-Moon Mark Park, señalaron que la exposición a la luz artificial en la noche puede reflejar comportamientos poco saludables, como una dieta poco saludable, un estilo de vida sedentario o estrés, y una desventaja socioeconómica. Reducir la exposición a la luz artificial durante la noche mientras se duerme podría considerarse en las intervenciones de prevención de la obesidad, dijeron los investigadores.

sábado, 2 de marzo de 2019

Dormir más el fin de semana para compensar no te hará recuperar el sueño perdido

Sabemos que la cantidad de sueño recomendada para gozar de una buena salud se encuentra entre las 7 y las 9 horas en adultos menores de 65 años, y de 7 a 8 en los que superan esta edad. Sin embargo, el trabajo, el estrés o la necesidad de hacer por la noche la vida social que no hemos podido llevar a cabo durante el día muy a menudo nos obliga a reducir esa cifra notablemente, al menos entre semana. Para compensar, nos abrazamos a la cama la mañana del sábado y el domingo, como si no hubiese en el mundo nada más acogedor que ella. ¿Pero es esto suficiente?

Existen numerosos estudios al respecto. Recientemente científicos de la Universidad de Estocolmo publicaron un trabajo en el que se siguió durante 13 años la duración del sueño de 43,880 voluntarios y se relacionó con la posibilidad de experimentar muerte prematura.  Finalmente se concluyó que aquellos que recuperaban los fines de semana el sueño perdido entre semana tenían aproximadamente el mismo riesgo de muerte que los que dormían correctamente todos los días. Previamente, en 2016, otro equipo de investigadores, esta vez de la Universidad de Chicago, demostró que la probabilidad de desarrollar diabetes es menor en los individuos que duermen más el fin de semana, en comparación con los que descansan poco todas las noches.

Es cierto que dormir mal afecta a muchos parámetros, como el estado de ánimo, la salud cardiovascular o la probabilidad de desarrollar diabetes. Es posible que algunos puedan solucionarse durmiendo más el fin de semana, pero otros no solo no mejoren, sino que lleguen a empeorar. Esto es lo que se demuestra en un nuevo estudio, publicado en Current Biology, de la mano de científicos de la Universidad de Colorado Boulder.

Para la realización del estudio, estos científicos, dirigidos por Christopher Depner y Kenneth Wright, reclutaron a una serie de adultos jóvenes y sanos que se separaron al azar, en tres grupos: uno cuyos miembros durmieron nueve horas diarias durante un total de nueve noches, otro en el que solo pudieron descansar cinco horas, en un periodo igual de tiempo, y finalmente otro en el que pasaron cinco días durmiendo cinco horas, para después descansar el fin de semana todas las horas que ellos quisieran y luego volver otros dos días a las cinco horas por noche.

Se comprobó que los miembros de los dos últimos grupos aumentaban más de peso y tendían a tomar más refrigerios después de cenar. Sin embargo, los que descansaron el fin de semana sí que tuvieron una mejora durante ese tiempo.Ahora bien, ¿qué ocurría mientras tanto en su organismo?

La falta de sueño se relacionó con una disminución en la sensibilidad a insulina de los participantes. Este término hace referencia a la capacidad del páncreas para responder con insulina a las subidas de glucosa en la sangre. Si solo hace falta un poco de glucosa para que la hormona comience a hacer su trabajo significa que la sensibilidad es alta, mientras que en el caso contrario se dice que hay una resistencia a insulina, algo que favorece la aparición de obesidad y diabetes, entre otros trastornos.

En resumen, la sensibilidad alta es buena. Por eso no fue sorprendente comprobar que los participantes pertenecientes al segundo grupo experimentaron un descenso del 13% en dicha sensibilidad, con respecto a los que dormían correctamente todos los días. En cuanto a los que recuperaban sueño el fin de semana, su caso fue muy especial. Los cinco primeros días fueron idénticos a los del segundo grupo. Al contrario, al llegar el fin de semana la sensibilidad a la insulina aumentó, lo cual significaría que no solo recuperaban sueño, sino también la capacidad para responder a los aumentos de glucosa. Sin embargo, en cuanto tuvieron que volver a dormir solo cinco horas experimentaron una nueva bajada en la sensibilidad, entre un 9% y un 27% más grande que la anterior. Además, volvieron los picoteos entre horas y el aumento de peso.

Entonces, ¿el fin de semana no es suficiente?

Según este estudio, el descanso durante el fin de semana no solo no compensa los cambios generados por la falta de sueño en el metabolismo de la glucosa, sino que genera una especie de efecto rebote que hace que sean mucho peores en cuanto vuelve la privación del lunes. A bote pronto podría parecer que este trabajo contradice el llevado a cabo por los investigadores de la Universidad de Harvard en 2016, pues ellos evidenciaban un aumento en la sensibilidad a insulina durante el fin de semana. Sin embargo, ambos estudios sí que son coherentes, pues este último también pone de manifiesto esta mejora, pero va más allá, demostrando lo que ocurre después. Quizás el fin de semana podría ser reparador si solo ha habido una semana de mal descanso, pero no si se convierte en una costumbre. De hecho, el siguiente paso de estos científicos será comprobar qué ocurre si los participantes solo duermen poco un par de días a la semana y qué influencia tienen las siestas durante el día.

En cuanto al estudio sueco, los propios autores reconocieron que contaba con limitaciones, como el método empleado para recoger los datos, que consistía simplemente en realizar encuestas a los participantes, que tenían que informar más o menos cuántas horas dormían cada día. Además, el estudio duró trece años, pero estas encuestas solo se realizaron el principio, por lo que los hábitos de sueño pudieron cambiar después. Por lo tanto, parece ser que hartarse de dormir el fin de semana puede ayudarnos a coger el lunes con más ganas, pero no necesariamente con más salud.

miércoles, 16 de enero de 2019

Dormir menos de seis horas da mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares

Dormir menos de seis horas aumenta el riesgo de padecer ateroesclerosis un 34 por ciento, según un estudio reciente.El hallazgo fue reportado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), de Madrid, en el Journal of the American College of Cardiology.

La aterosclerosis es producida por la acumulación de grasa en las paredes de las arterias, es causa de anginas de pecho e infartos agudos al miocardio. Otros factores que contribuyen a padecer esta enfermedad, de acuerdo con Valentín Fuster, cardiólogo y director general del CNIC, son: obesidad, presión arterial alta, colesterol elevado, glucosa incrementada, tabaquismo, falta de ejercicio y una mala alimentación (por ejemplo, consumo en exceso de sal o de bebidas azucaradas).

A lo anterior se agrega la falta de sueño, dice Fuster, quien recomienda invertir más tiempo a dormir. “Dormir entre siete y ocho horas, con buena calidad del sueño, es lo ideal”, afirma. El estudio reciente analizó a aproximadamente 4 mil trabajadores de una firma bancaria en Madrid. Ellos, con una edad media de 46 años y hombres en su mayoría, fueron monitoreados por medio de actígrafos colocados en sus muñecas. Los dispositivos midieron los movimientos durante el sueño para poder caracterizarlo. Asimismo, los autores obtuvieron imágenes en tres dimensiones de sus arterias femorales y carótidas, producidas por estudios de ultrasonido y tomografías computarizadas.

La falta de sueño es un problema muy común actualmente y preocupa a los expertos, ya que está asociada a graves enfermedades como la diabetes y el cáncer. Por su parte, la Sociedad Española del Sueño hace algunas recomendaciones para combatir los trastornos del sueño: evitar la cafeína, hacer deporte, mantener un horario regular de sueño y eliminar el ruido del ambiente para dormir.

Según José María Ordovás, investigador del CNIC, la importancia de esta investigación estriba en ser el primer análisis que se enfoca en la carencia de horas de sueño como un factor que contribuye al pedecimiento de la aterosclerosis.

Las enfermedades cardiovasculares son un gran problema mundial. Actualmente estamos previniendo y tratando a las personas afectadas con diferentes métodos: fármacos, actividad física y dieta. Sin embargo, los resultados de este nuevo estudio enfatizan que debemos incluir al sueño como una herramienta más para combatirlas”, señala Ordovás.