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sábado, 23 de noviembre de 2019

Los bacteriófagos: la medicina del mañana ... que ya llegó

Tanja vive en los Países Bajos y sufre de hidradenitis supurativa desde hace treinta años, una enfermedad crónica de la piel en la que las raíces capilares se inflaman y causan mucho dolor en zonas íntimas como las axilas y el pecho. En agosto de 2019, la paciente tomó una decisión radical. Dejó de tomar los antibióticos, que cada vez surgían menos efecto, y viajó a Georgia por dos semanas para recibir un tratamiento con bacteriófagos.

Aunque esta terapia no está aprobada en los países de Europa Occidental, Tanja pagó 3,900 euros de su propio bolsillo con la esperanza de aliviar su dolencia. Los bacteriófagos, también llamados fagos, son virus que luchan contra la proliferación de sus bacterias huéspedes fagocitándolas. La terapia con bactetriófagos consiste en la administración oral de un tipo de fago que se adhiere a sus contrapartes bacterianas en el cuerpo del paciente para sobrevivir.

Con el tratamiento se invierte la polaridad de la célula bacteriana, lo que permite que los fagos se multipliquen en tal cantidad que la célula termina estallando. Luego, los fagos liberados se adhieren a otras bacterias, hasta que todas son destruidas.

“Sabe a champiñones”, comenta Tanja a la agencia de noticias Deutsche Welle mientras toma su dosis matutina de fagos. “Cuando fui a Georgia estaba muy nerviosa, pero sobre todo decepcionada por el tratamiento en Países Bajos”, dice.

Después de que los antibióticos dejaron de funcionar, su médico le sugirió que tomara biofármacos, que son medicamentos genéticamente modificados. Sin embargo, ella quería algo diferente. Después de ver un programa de televisión sobre bacteriófagos, decidió buscar un tratamiento.

Tanja dio con el Instituto Georgi-Eliava, en Georgia, el cual investiga el uso de bacteriófagos desde 1923, pocos años después de que fueran descubiertos. Georgia es el centro mundial de la fagoterapia.

Durante la Guerra Fría no se disponía de antibióticos en la Unión Soviética. Las enfermedades infecciosas se trataban con fagos. Hoy en día, el Instituto Eliava ofrece las mayor cantidad terapias con bacteriófagos del mundo.

Después de un tratamiento de dos semanas, la paciente regresó a los Países Bajos con una maleta llena de latas de fagos. Cada día toma dos fagos diferentes y se aplica una crema. 

Ahora tiene más energía y se siente mejor. Las inflamaciones pequeñas en el pecho y las axilas han disminuido, y las grandes aparecen y desaparecen, pero no son tan graves como antes.

“No me parece ilegal”

Cada tres meses, Tanja viaja a Bélgica, que está a 15 kilómetros, para recoger una nueva dosis. Los bacteriófagos vienen de Georgia y le cuestan 500 euros. Su seguro de salud no cubre los costos de este tratamiento. Bélgica es el único país de Europa Occidental donde se permiten los fagos. En los Países Bajos sólo pueden utilizarse en casos excepcionales, ya sea para salvar vidas o aliviar dolores intensos.

El médico tratante es el único responsable. “No me parece ilegal”, dice Tanja. “Estoy cien por ciento segura de que este medicamento ayudará a muchas personas”. Al igual que los antibióticos, los bacteriófagos también pueden provocar resistencia. Pero como van un paso adelante de las bacterias, pueden superar la resistencia. Además, los bacteriógrafos se dirigen a un tipo específico de bacterias, dejando intactas a las bacterias útiles, tales como las del intestino.

Un paquete de bacteriófagos de Georgia.

Antes de iniciar un tratamiento con fagos es necesario determinar qué bacterias desencadenan la enfermedad. Los fagos se producen individualmente para cada paciente, a menudo en Georgia.

Los bacteriófagos están permitidos en Bélgica

Los medicamentos personalizados no cumplen con las regulaciones de los países de Europa Occidental. La aprobación de cada una de las prescripciones de fagos demandaría mucho esfuerzo por parte de los entes de control.

En Bélgica ocurre algo diferente. Desde el año pasado, el Instituto Científico de la Salud, en cooperación con médicos, pacientes, fabricantes, farmacéuticos y la Oficina Federal Belga de Medicamentos, puede eludir este proceso mediante la emisión de un certificado de los principios activos del fármaco. Los laboratorios utilizan los bacteriófagos en base a determinadas directrices.

“Aplicamos el marco legal existente en la producción de bacteriófagos”, explica a Deutsche Welle el Dr. Jean-Paul Pirnay, del Hospital Militar Reina Astrid de Bruselas. Alrededor de 30 pacientes ya han sido tratados con fagos. El hospital militar es el único en Bélgica donde se producen bacteriófagos.

Tanja quiere continuar su tratamiento en Bruselas porque la comunicación con los médicos en Georgia es difícil para ella. Siempre necesita un traductor. “Espero que los fagos pronto sean permitidos en Europa. Ir a Georgia es difícil y caro”, añade.

Alemania y los Países Bajos están llevando a cabo estudios piloto para la prescripción personalizada de bacteriófagos. Francia ya importa fagos belgas y acepta su uso. Con información de Deutsche Welle.

martes, 16 de abril de 2019

Científicos diseñan “bomba genética programable” capaz de matar solo bacterias

Las bacterias producen infecciones y la primera línea de defensa contra ellas son los antibióticos, pero estos fármacos no son en absoluto selectivos. Ahora, un grupo de científicos ha logrado diseñar un nuevo tipo de antibióticos programables y hechos a medida para atacar solo las bacterias malas.

Estos antibióticos, una "bomba genética programable", según sus responsables, evitan además la aparición de resistencias, un problema mundial que causará en 2050 unos 10 millones de muertes anuales, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

La descripción de este fármaco, probado en modelos de animal, se publicó en la revista Nature Biotechnology, en un artículo que firman investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y del Instituto Pasteur de París. Uno de los principales efectos negativos de los antibióticos es que atacan de manera indiscriminada casi todas las bacterias de nuestro cuerpo –también aquellas que son beneficiosas–, un proceso que induce a la aparición de "las temibles bacterias multirresistentes", describe la UPM en una nota de prensa. 

De ahí la necesidad de investigar fármacos inteligentes, señala Alfonso Rodríguez-Patón, profesor del departamento de Inteligencia Artificial de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Informáticos de la UPM y uno de los firmantes de este trabajo.

"Esta investigación abre una nueva línea de diseño y desarrollo de antibióticos a medida, es decir, selectivos para atacar solo las bacterias malas y programables, porque se pueden diseñar para atacar a un tipo de bacteria u otro diferente", explica. De la misma forma que se están desarrollando probióticos –son bacterias– para regular las bacterias de la microbiota intestinal, "se han diseñado 'bacterias centinelas' programables capaces de detectar y matar solo a las bacterias peligrosas sin afectar las bacterias buenas", añade.

Para ello, el equipo de investigación ha creado lo que ha denominado una "bomba genética programable": el nuevo antibiótico es una toxina, una proteína que solo es tóxica para las bacterias malas. Esta toxina –la bomba genética– "viaja" en bacterias centinelas y está programada para activarse y matar solo cuando reconoce una bacteria mala, ya sea virulenta o resistente a los antibióticos.

"Lo podemos explicar como si fuera una granada, que tiene explosivo y una anilla de seguridad. La granada se activa solo si sacas la anilla y nuestra toxina solo lo hace si se tropieza con una bacteria mala o resistente", dice. ¿Y cómo lo hace? A través de un proceso que se llama conjugación, agrega Rodríguez-Patón, quien explica que se trata de un mecanismo de transmisión de piezas de ADN empleado por las bacterias: "Nosotros lo programamos en las bacterias centinelas para enviar la bomba genética a las bacterias vecinas”.

Las bacterias tienen como unos "pelos" que funcionan como jeringuillas, es decir, que sirven de unión para que una bacteria centinela se pegue a una vecina y a través de ese "pelo" transmita en este caso el antibiótico. Si la bomba genética accede a una bacteria mala, esta detectará determinadas señales moleculares como la virulencia o la resistencia a antibióticos que la activarán, con lo que matará a la bacteria. Sin embargo, si es introducida en una bacteria buena no le hará nada. Este mecanismo de activación selectiva del antibiótico se puede programar para atacar diferentes bacterias resistentes y es posible gracias a una molécula denominada inteína, para la cual el Instituto Pasteur ha solicitado una patente.

La eficacia de estos antibióticos se ha comprobado en organismos vivos, como el pez cebra y crustáceos infectados con la bacteria acuática del cólera. "Hemos conseguido que nuestro antibiótico elimine el cólera virulento y resistente a antibióticos de los peces cebra infectados, y que el resto de bacterias presentes en dichos peces no se vean afectadas y sobrevivan", indica el investigador de la UPM y agrega que si se superan todas las pruebas se podrán emplear en humanos para tratar infecciones bacterianas multirresistentes.