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sábado, 28 de diciembre de 2019

Descubren debilidad de superbacteria resistente a medicamentos

Investigadores del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en Houston en los Estados Unidos han identificado el 'talón de Aquiles' de la superbacteria resistente a los medicamentos, la cual cada año infecta a unos 54,500 estadounidenses.

En concreto, los expertos, cuyo trabajo ha sido publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, han identificado a la proteína LiaX, la cual actúa como un mecanismo de defensa para los enterococos resistentes a la vancomicina (VRE), lo que abre la puerta a futuras opciones de tratamiento en la lucha contra la resistencia a los antibióticos.

Esta proteína es liberada por bacterias en el medio ambiente para detectar la presencia de antibióticos, lo que provoca la reestructuración de la célula bacteriana y evita que el medicamento lo destruya. Los investigadores estudiaron cepas clínicas de VRE que pudieron detener la daptomicina, un tratamiento de último recurso para infecciones bacterianas graves, a la hora de atacar la membrana celular de la bacteria.

"La forma en la que la daptomicina funciona para matar las bacterias no se comprende completamente. Sabemos que las bacterias tienen un 'tabique de división', una región en el medio de la célula donde se dividen, y esa daptomicina se une al tabique para matar la célula. Sin embargo, las bacterias han aprendido a distraer al antibiótico de su objetivo", han explicado los científicos.

Los enterococos y otras bacterias tienen un sistema de respuesta al estrés, llamado LiaFSR, que ayuda a los gérmenes a desarrollar resistencia a los medicamentos y adaptarse a muchos estresores ambientales. En este sentido, los expertos han observado que la proteína LiaX juega un papel importante en este sistema.

Cuando los investigadores estudiaron las cepas clínicas, notaron una en particular de un paciente que tenía una infección por VRE en la sangre. Si bien esa cepa comenzó como sensible a la daptomicina, desarrolló resistencia después de que el enfermo fue tratado con daptomicina. "Observamos altos niveles de la proteína fuera de la célula que se unía al antibiótico y enviaba señales a la misma para activar la respuesta al estrés", han explicado, tras comentar que la proteína no solo detecta los antibióticos, sino que también indica cuándo está ocurriendo una respuesta inmune.

Según los investigadores, una conclusión importante de su estudio no es solo que VRE produce una proteína centinela que puede proteger a las bacterias contra los antibióticos y el sistema inmunitario, sino que su protección hace que las bacterias sean más letales durante la infección.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Los bacteriófagos: la medicina del mañana ... que ya llegó

Tanja vive en los Países Bajos y sufre de hidradenitis supurativa desde hace treinta años, una enfermedad crónica de la piel en la que las raíces capilares se inflaman y causan mucho dolor en zonas íntimas como las axilas y el pecho. En agosto de 2019, la paciente tomó una decisión radical. Dejó de tomar los antibióticos, que cada vez surgían menos efecto, y viajó a Georgia por dos semanas para recibir un tratamiento con bacteriófagos.

Aunque esta terapia no está aprobada en los países de Europa Occidental, Tanja pagó 3,900 euros de su propio bolsillo con la esperanza de aliviar su dolencia. Los bacteriófagos, también llamados fagos, son virus que luchan contra la proliferación de sus bacterias huéspedes fagocitándolas. La terapia con bactetriófagos consiste en la administración oral de un tipo de fago que se adhiere a sus contrapartes bacterianas en el cuerpo del paciente para sobrevivir.

Con el tratamiento se invierte la polaridad de la célula bacteriana, lo que permite que los fagos se multipliquen en tal cantidad que la célula termina estallando. Luego, los fagos liberados se adhieren a otras bacterias, hasta que todas son destruidas.

“Sabe a champiñones”, comenta Tanja a la agencia de noticias Deutsche Welle mientras toma su dosis matutina de fagos. “Cuando fui a Georgia estaba muy nerviosa, pero sobre todo decepcionada por el tratamiento en Países Bajos”, dice.

Después de que los antibióticos dejaron de funcionar, su médico le sugirió que tomara biofármacos, que son medicamentos genéticamente modificados. Sin embargo, ella quería algo diferente. Después de ver un programa de televisión sobre bacteriófagos, decidió buscar un tratamiento.

Tanja dio con el Instituto Georgi-Eliava, en Georgia, el cual investiga el uso de bacteriófagos desde 1923, pocos años después de que fueran descubiertos. Georgia es el centro mundial de la fagoterapia.

Durante la Guerra Fría no se disponía de antibióticos en la Unión Soviética. Las enfermedades infecciosas se trataban con fagos. Hoy en día, el Instituto Eliava ofrece las mayor cantidad terapias con bacteriófagos del mundo.

Después de un tratamiento de dos semanas, la paciente regresó a los Países Bajos con una maleta llena de latas de fagos. Cada día toma dos fagos diferentes y se aplica una crema. 

Ahora tiene más energía y se siente mejor. Las inflamaciones pequeñas en el pecho y las axilas han disminuido, y las grandes aparecen y desaparecen, pero no son tan graves como antes.

“No me parece ilegal”

Cada tres meses, Tanja viaja a Bélgica, que está a 15 kilómetros, para recoger una nueva dosis. Los bacteriófagos vienen de Georgia y le cuestan 500 euros. Su seguro de salud no cubre los costos de este tratamiento. Bélgica es el único país de Europa Occidental donde se permiten los fagos. En los Países Bajos sólo pueden utilizarse en casos excepcionales, ya sea para salvar vidas o aliviar dolores intensos.

El médico tratante es el único responsable. “No me parece ilegal”, dice Tanja. “Estoy cien por ciento segura de que este medicamento ayudará a muchas personas”. Al igual que los antibióticos, los bacteriófagos también pueden provocar resistencia. Pero como van un paso adelante de las bacterias, pueden superar la resistencia. Además, los bacteriógrafos se dirigen a un tipo específico de bacterias, dejando intactas a las bacterias útiles, tales como las del intestino.

Un paquete de bacteriófagos de Georgia.

Antes de iniciar un tratamiento con fagos es necesario determinar qué bacterias desencadenan la enfermedad. Los fagos se producen individualmente para cada paciente, a menudo en Georgia.

Los bacteriófagos están permitidos en Bélgica

Los medicamentos personalizados no cumplen con las regulaciones de los países de Europa Occidental. La aprobación de cada una de las prescripciones de fagos demandaría mucho esfuerzo por parte de los entes de control.

En Bélgica ocurre algo diferente. Desde el año pasado, el Instituto Científico de la Salud, en cooperación con médicos, pacientes, fabricantes, farmacéuticos y la Oficina Federal Belga de Medicamentos, puede eludir este proceso mediante la emisión de un certificado de los principios activos del fármaco. Los laboratorios utilizan los bacteriófagos en base a determinadas directrices.

“Aplicamos el marco legal existente en la producción de bacteriófagos”, explica a Deutsche Welle el Dr. Jean-Paul Pirnay, del Hospital Militar Reina Astrid de Bruselas. Alrededor de 30 pacientes ya han sido tratados con fagos. El hospital militar es el único en Bélgica donde se producen bacteriófagos.

Tanja quiere continuar su tratamiento en Bruselas porque la comunicación con los médicos en Georgia es difícil para ella. Siempre necesita un traductor. “Espero que los fagos pronto sean permitidos en Europa. Ir a Georgia es difícil y caro”, añade.

Alemania y los Países Bajos están llevando a cabo estudios piloto para la prescripción personalizada de bacteriófagos. Francia ya importa fagos belgas y acepta su uso. Con información de Deutsche Welle.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Hay una nueva generación de superbacterias resistentes a los antibióticos alerta la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó sobre el peligroso aumento del consumo de antibióticos en algunos países, pero también del bajo consumo en otras regiones, lo que puede conllevar el surgimiento de superbacterias mortales.

Un reciente informe de la OMS, basado en datos de 2015 recolectados en 65 países y regiones, muestra una importante diferencia de consumo, que va de 4 dosis diarias definidas por cada 1,000 habitantes al día en Burundi a más de 64 en Mongolia.

Estas diferencias indican que algunos países consumen probablemente demasiados antibióticos mientras que otros tal vez no tienen suficiente acceso a estos medicamentos, señaló la Organización Mundial de la Salud en un comunicado.

Descubiertos en los años 1920, los antibióticos salvaron decenas de millones de vidas luchando de manera eficaz contra enfermedades bacteriológicas como la neumonía, la tuberculosis y la meningitis. Sin embargo, a lo largo de los años, las bacterias se modificaron para resistir a estos medicamentos.

La OMS ha advertido en numerosas ocasiones que el número de antibióticos eficaces se está reduciendo en el mundo. El año pasado precisamente, la agencia de Naciones Unidas pidió a los Estados y a los grandes grupos farmacéuticos que crearan una nueva generación de medicamentos capaces de luchar contra las superbacterias ultrarresistentes.

El consumo excesivo así como el consumo insuficiente de antibióticos son las mayores causas de resistencia a los antimicrobianos, subrayó Suzanne Hill, directora de Medicamentos y Productos Sanitarios Esenciales en la OMS, en un comunicado. Las bacterias pueden volverse resistentes cuando los pacientes usan antibióticos que no necesitan o cuando no terminan sus tratamientos. La bacteria tiene así más facilidad para sobrevivir y desarrollar una inmunidad. “La resistencia puede desarrollarse cuando los enfermos no pueden pagarse un tratamiento completo o solo tienen acceso a medicamentos de calidad inferior o alterados”, indica el informe.