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domingo, 25 de agosto de 2019

Animales y otras especies huyen del voraz fuego en la Selva del Amazonas

Antes colorido y ruidoso paisaje que se vive en la biodiversidad de la Amazonía brasileña ahora calla y guarda un silencio estremecedor en las zonas devastadas por el fuego que devora parte de la selva, donde serpientes, peces y otros animales intentan escapar de las llamas que avanzan rápidamente. A unos 150 kilómetros de Porto Velho, la capital regional del amazónico estado de Rondonia, una considerable parte de tierra arde de manera ininterrumpida hace más de 24 horas y ya ha consumido hoy por hoy más de cinco kilómetros del terreno.

Según pudo constatar la agencia Efe, serpientes, peces y hasta pequeños mamíferos luchaban para ponerse a salvo de las llamas. Muchos de ellos, sin embargo, se vieron atrapados en inmensas pozas de lodo y acabaron pereciendo en su interior. En los alrededores de las zonas alcanzadas por los vastos incendios que queman desde hace semanas parte del bosque tropical igualmente se acumulaban cadáveres de algunos animales que habían sucumbido debido al humo o a las llamas.

"El fuego sigue constante desde hace más de 24 horas. Yo me desperté en el medio de la noche por la luminosidad y el ruido y alerté a mi esposa", contó Aurelio de Andrade, de 65 años y dueño de una pequeña finca situada a pocos metros de donde la tierra arde. Así como varios de sus vecinos, Andrade mantiene en la propiedad más de medio centenar de vacas y algunas gallinas y se dice preocupado por el avance de las llamas.

"Nos ponemos muy tristes, porque si ese fuego los alcanza a ellos (los vecinos) o a nosotros, nos quedamos sin los animales", lamentó el propietario rural. Durante todo el día, fuertes vientos han sacudido la región, lo que podría contribuir aún más con la rápida diseminación de las llamas hacia el interior de la selva. "Si de hecho alcanza nuestras propiedades, se nos hará muy complicado apagar el fuego. Solo Dios podría hacerlo", resaltó Andrade.

El aterrador silencio que ha sustituido el cantar de los pájaros tan solo es roto por el ensordecedor ruido de las llamas, que avanzan sin control y se tragan cada vez más el bosque tropical, que alberga un 20 % de todo el agua dulce del mundo. Los incendios en la Amazonía han causado conmoción dentro y fuera de Brasil y llevó a que diversos sectores de la sociedad civil, organizaciones ambientales e incluso líderes de algunas potencias europeas alzaran la voz en su defensa.

La tardía reacción del Gobierno brasileño igualmente provocó una ola de críticas y protestas en varias ciudades del país, que llevaron a que el presidente Jair Bolsonaro autorizara el empleo de las Fuerzas Armadas en las labores para contener las llamas. La Amazonía, que se expande por ocho países de Sudamérica, además de Brasil, es el ecosistema con mayor diversidad de fauna y flora y alberga cerca del 10% de todas las especies conocidas.

Organizaciones ecologistas alertaron de que los recurrentes incendios y la deforestación de la selva amazónica tendrán consecuencias "profundas" no solo para el bosque tropical, sino para "todo el mundo". Es la Amazonía la que "regula el clima y las lluvias en el país. Cuanto mayor la deforestación, más desreguladas serán las lluvias", lo que influye también en el clima global, explicó a Efe el coordinador de políticas públicas de Greenpeace, Márcio Astrini.

El intenso humo provocado por los incendios hizo con que diversas ciudades de la región hayan amanecido bajo una fuerte niebla y con el cielo "rojo como el fuego". Asimismo, sus consecuencias ya pueden ser sentidas entre la población. "El humo se extiende durante toda la noche y es muy complicado respirar", señaló Aderaldo, quien vive en Porto Velho desde hace 36 años.

jueves, 8 de agosto de 2019

Consumir menos carne para combatir cambio climático advierte la ONU

La conservación y restauración de los bosques y la renovación urgente del sistema alimentario mundial mediante un cambio en la dieta son soluciones clave para afrontar la emergencia climática y la crisis de biodiversidad, según publica hoy el nuevo informe del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas.

“Defender y restaurar nuestros bosques y cambiar nuestro sistema alimentario reduciendo el consumo de carne ayudará a convertir la crisis climática y de biodiversidad en una nueva esperanza para la naturaleza y las personas. Nuestra tierra y biodiversidad están bajo una enorme presión, como demuestran los devastadores incendios en Siberia”, ha señalado el Dr. Christoph Thies, de la campaña de Bosques y Clima de Greenpeace Alemania. 

Reducir la deforestación y minimizar el consumo de carne ‘claves’ para paliar la crisis climática y de biodiversidad. “Para proteger nuestro clima y alimentar al mundo, se requiere acción urgente. A la luz del informe del IPCC, los gobiernos han de actualizar y aumentar la ambición de sus objetivos de acción climática”, añade.

Este informe estudia por primera vez la relación entre el cambio climático y los usos suelo. Documenta por un lado los impactos del cambio climático en el sistema alimentario y en los ecosistemas naturales, como los terribles incendios ocurridos en Siberia. Y por otro las soluciones que un uso sostenible del suelo puede proporcionar para contribuir a la mitigación y adaptación al cambio climático y asegurar la seguridad alimentaria.

Más de una cuarta parte de la superficie terrestre está degradada por la acción humana. El 23% de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la deforestación, los incendios forestales y la agricultura. El informe revela que desde el periodo preindustrial la temperatura sobre la superficie terrestre ha aumentado 1,53 °C en comparación con el promedio global incluyendo la superficie oceánica de un aumento de 0,87 °C. Esta subida de temperatura compromete la seguridad alimentaria y contribuye a la desertificación y a la degradación del planeta.

El IPCC advierte de que más de una cuarta parte de la superficie terrestre está sujeta a la “degradación inducida por el ser humano”, pero hay múltiples soluciones que pueden fomentar tanto la mitigación del cambio climático como la adaptación al mismo, al tiempo que respaldan los objetivos de desarrollo sostenible.

Resalta que la bioenergía, sola o con captura y almacenamiento de carbono (BECCS), presenta altos riesgos para la seguridad alimentaria y la degradación de los ecosistemas. Las mejores soluciones a largo plazo para combatir la crisis climática son la conservación y restauración de los ecosistemas naturales y la reducción de la producción y el consumo de carne. No podemos salvar el clima sin salvar la biodiversidad.

“Nos enfrentamos a un gran reto, pero hay muchas soluciones. Cambiar la forma en que producimos alimentos y lo que comemos protegerá nuestro clima, nuestra biodiversidad y promoverá la seguridad alimentaria. Hemos de abandonar la ganadería industrial y fomentar modos de producción ganadera ecológica”, dijo la Dra. Reyes Tirado, científica principal del Laboratorio de Investigación Greenpeace, Universidad de Exeter.

“Un impulso drástico hacia menos consumo de carne y de lácteos en nuestras dietas es crucial para reducir los impactos del actual sistema alimentario en nuestra salud y en la del planeta”.

Entre las principales conclusiones del informe destacan:

El 23% de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero provienen de la deforestación, los incendios forestales y la agricultura. Un mejor uso de la tierra por sí solo no detendrá el cambio climático. Retrasar la eliminación de los combustibles fósiles y el cambio de la mitigación al sector de la tierra aumentará el riesgo de impactos climáticos y la inseguridad alimentaria. Para frenar la emergencia climática el abandono de combustibles fósiles ha de ir acompañado de una gestión del suelo sostenible y la conservación de los ecosistemas naturales pues amortiguan los peores impactos del cambio climático.

Las emisiones del sistema alimentario en su conjunto, incluida la producción y el consumo, representan hasta el 37% del total de las emisiones mundiales de GEI inducidas por el ser humano. El consumo de carne se ha más que duplicado en los últimos 60 años. Se han deforestado bosques para uso agropecuario a un ritmo sin precedentes en la historia de la humanidad. Alrededor de 2.000 millones de adultos tienen sobrepeso u obesidad, pero 821 millones de personas todavía están desnutridos, lo que pone de relieve la necesidad de reformar el sistema alimentario mundial.